viernes, 11 de septiembre de 2009

Carlos Sierra: UN ESCRITOR ES EN GRAN MEDIDA SUS LECTURAS


Por: Carlos E. Sierra
Carlos Enrique Sierra nació en Itagüí, Antioquia, Colombia, en 1967. Periodista, crítico de arte, poeta y ensayista. Ganó el premio "León de Greiff" en 1997 de la Secretaría de Educación y Cultura de Medellín. Poemas, cuentos, ensayos y artículos suyos han aparecido en publicaciones diversas. En Internet se editó su libro Sombras nocturnas. Fue incluido en la antología El cuento del cuento, Ed. Etc., 1994. Con su libro de poemas Habitación desnuda inició la publicación de su Trilogía de la Soledad, de la cual La estación baldía y Bitácora conforman su segunda y tercera parte. Sierra es además editor del periódico cultural y literario bimestral El Transeúnte, que a sus primeras ediciones demuestra ser una opción alternativa de gran contenido y actualidad en el panorama exiguo que este tipo de publicaciones afronta ahora. En El Transeúnte, aparecen las novedades editoriales, la crítica, los textos y las noticias culturales que otros medios prefieren ignorar. La poesía de Sierra es, además, una propuesta de originalidad y frescura vital importante en el medio, con un lenguaje abierto a la renovación sin perder la raíz sensible que lo ata al mundo, a la vida de la ciudad y de sus gentes.


Un escritor es en gran medida sus lecturas. De hecho, no podemos comprender un escritor que no sea producto de su ejercicio como lector del mundo en su sentido más amplio. Porque desde siempre, (pero esta circunstancia ha tomado más importancia hoy) la lectura es el abrirse a un conjunto de lenguajes que van más allá de la escritura alfabética de cuyo sustrato surge una experiencia vital que es el combustible de la creación. Esto podemos ampliarlo más tarde.
Hay una expresión de Rafael Cadenas, el gran poeta venezolano, que me ha gustado siempre y que dice que para él lo importante de existir es investigar sobre la vida. La misión del creador, del humano-artista, es dedicar su vida a tratar de desentrañar ese misterio del cual él es evidencia. El resultado será su obra. Pero una fuente importante siempre serán las obras de los otros, de aquellos que han avanzado en ese sendero de la comprensión, porque no tiene sentido, me parece, ningún ejercicio vital que no conduzca de alguna forma a la sabiduría.
Es en el arte donde está el gran yacimiento de sabiduría, ¿y qué es está sabiduría sino el reflejo de la condición humana?, nuestra condición frente a nosotros mismos y frente al universo que nos contiene. Este continente tiene sus claves, como todo lenguaje requiere sus claves, nadie aprende a leer por sí solo, hay la necesidad de un transvase de ese conocimiento, una necesaria contaminación vital, a esta contaminación yo la llamo cultura.
Ya Octavio Paz nos informaba que el gusto requería de un necesario entrenamiento, el gusto, la capacidad de acceder a un lenguaje no se da por si, sino a través de una experiencia acumulada, de una suerte de educación sentimental, esto ha sido siempre muy discutido por quienes defienden cierto empirismo nunca del todo mantenido en regla en la apreciación estética, pero importante y necesario como principio diferenciador de la experiencia de cada individuo y que a la larga si no se acompaña de una buena experiencia de lecturas termina por convertirse en una forma de ceguera, como cuando del otro lado una apreciación o un gusto meramente basado en la erudición terminan por quitarle toda vitalidad a la apreciación del arte.
Verán que uso indistintamente la expresión arte y arte literario, y es por que pienso que el arte concebido como poética es uno sólo, existen los lenguajes y con ellos las técnicas propias de cada lenguaje. La escritura es uno más de ellos. Cada arte es como un lente por el cual se capta la realidad. Yo he escogido la escritura, porque se acomoda más a mi forma de ser, las palabras coinciden más con mi manera de percibir el mundo y por supuesto la lectura es un medio muy importante para ello.
José Manuel Arango nos contaba que él no escribía todos los días, pero que no podía pasar un día sin leer, esta consideración del escritor ante todo como un lector aparece a veces desapercibida cuando se habla de la obra de un autor, nos limitamos a hablar de influencias en el sentido de captar alguna fórmula mágica que nos desentrañe las claves de su quehacer y es probable que tengan razón, pero sólo en parte, porque las influencias de un autor muchas veces surgen del clima determinado de una ciudad, de algunos colores o personajes que habitan un cuadro, de una música determinada, de ciertas conversaciones con un amigo, entonces hablar de lecturas es también hablar de la biografía, de la reescritura de la vida de un autor.

II
El primero que me viene a la mente es Joyce, pero sobre todo lo que es exterior a su propia lectura, a la imagen joyceana que se maneja por la calle, el mito. Uno se da cuenta que muy pocas personas tal vez lo han hojeado impunemente, y han visto en él solo el mito, y ¿en que consite el mito?: en la dificultad. Que Joyce es un escritor difícil. Pues bien, lo es en el sentido en que todo escritor hoy en día es difícil por el solo hecho de escribir, pero además porque toda escritura comporta una dificultad, pero la mayoría de los libros de Joyce son tan diáfanos como lo puede ser cualquier buena narración del siglo XX, pongo por ejemplo un hermoso libro que se llama el Retrato del artista adolescente que otros traducen como del artista cachorro, (Además están obviamente las buenas o malas traducciones) que es una maravillosa historia autobiográfica sobre la infancia y sobre todas las dificultades y experiencias que se viven durante ella, esta obra, es por demás, semillas de las futuras obras de James Auguste.
Joyce es el ejemplo del escritor y del artista del siglo XX, ante todo es, desde muy joven, un brillante intelectual, que absorbe toda la cultura de su época, para luego, trastocarla. Ejerce la crítica en importantes medios de Irlanda y de Londres, y se dedica a forjar una obra propia donde están las grandes transformaciones que vivirá la cultura y por tanto el lenguaje posterior a él. Ulises es su monumento. Decir que Ulises es una obra difícil es sólo repetir un estereotipo. La mayoría de los pasajes de esta obra están escritos en un lenguaje que más bien es mimético de las técnicas literarias vigentes en su tiempo, y por ese camino va llegando a la experimentación. Es una obra por demás llena de poesía, llena de referencias que nos iluminan, muchas de ellas ocultas bajo su gran erudición, y un deseo de encriptar en claves que quizá nunca serán develadas, que se refieren a la historia de Irlanda, a la historia de europa, a la historia de la literatura y el arte, pero que en el relieve de la misma obra nos permiten percibir una gran historia que es la epopeya del hombre contemporáneo y quizá esta es la analogía que se establece con el Ulises homérico. Otra de las cosas que más me ha llamado la atención es una que dice que si Dublín desapareciera, sería posible reconstruirla sólo siguiendo el Ulises, eso es mentira. Es cierto que esta obra plantea un recorrido, y habla de lugares, pero ciertamente creo que son referencias, la mayoría nominales. No he escuchado hablar a lectores muy buenos sobre el tema de Shakespeare a quien dedica un lúcido ensayo. Es además una hermosa obra erótica, que es el monólogo con el que cierra el libro, y que para quienes les parece difícil e incluso aburridor Joyce invito a comenzar a leer desde ese punto, para que lean uno de los mejores pasajes de la literatura mundial.
La dificultad Joyceana le viene muy de un libro que se llama Finnegans Wake, que quiere decir más o menos El despertar de Finegan. O la vigilia (en el sentido de duermevela) de Finnegan. Y esta obra, apenas traducida parcialmente al español, y que de paso es imposible de traducir, porque muchas de esas palabras no existen en los diccionarios y son recreaciones de palabras, algo que aparece ya en Ulises de una manera más tímida y que aquí es la base de la obra. Es un monumento al lenguaje, allí se acuña el término “valija” para querer decir palabra que contienen otras o que evocan otras. En este sentido se convierte en un científico y en un renovador del lenguaje. El allí busca un lector dios capaz de seguirle por el infinito de los recovecos de su cerebro, por su infinito mar de referencias. Hay que saber inglés para acercarse a ese libro, y hay que saber de muchas otras cosas como la historia de europa. Ese si es un libro difícil. Es me parece una obra para ser cantada, en honor a su aprecio por la música. El resto de Joyce es como el título de un libro de poemas: es una manzana. Poems Pomes.

III
Hemingway. Es un amor de juventud. Lo leí con la admiración que se tiene a un gran escritor, un gran trabajador del lenguaje, de la exactitud, le importaba la acción y poco la poesía. Veías en sus historias diálogos y acciones, él consecuentemente era un gran hombre de acción, era amante de la pesca y la caza mayores. Reflejó el mundo de los americanos en áfrica y europa. En Por quién doblan las campanas dejo un reflejo importante de la guerra civil en España. Era un periodista que escribía. Creo que leí la mayoría de sus obras, sin saberlo desde un punto de vista meramente instrumental, porque quería aprender a escribir. Creo que García Marquez lo siguió de cerca hasta algún punto. De él me quedan sus cuentos, el que más El viejo y el mar, que es una obra maestra de todo lo que he dicho antes, y es una gran historia y tal vez otros como La vida corta y feliz de Francis Mc Conver y Las nieves del Kilimanjaro.
Hemingway con Faulkner, fueron la puerta de entrada al mundo de la escritura sureña, he encontrado otros autores como Carlson McCulers, que es una mujer, con sus Reflejos en un ojo dorado, o John Kennedy Toole que merece todo un capítulo con su libro La conjura de los necios, un libro que disfruté de cabo a rabo, y que es considerada como una de las mejores obras en lengua inglesa del siglo XX, paradójicamente desdeñada durante mucho tiempo por los editores que no vieron en ella el potencial que contenía, razón que lo llevó muy joven al suicidio, póstumamente publicado y premiado con el Pulitzer, su personaje Ignatius Reily se ha ganado un lugar en la historia de la literatura.

IV
Hay en América latina un boom olvidado. Se dice que los escritores del boom inventaron a este lado del mundo para la literatura. Eso como siempre se lo creen quienes no se arriesgan a leer otras cosas que las que les sirven en la mesa los medios de comunicación y la industria editorial. El boom fue importante, claro, desde un punto de vista geopolítico, al desplazar la mirada de muchos lectores hacia este continente, desplazando por un rato el monopolio europeo, pero también sirvió para echar más polvo sobre un montón de autores.
Invito a leer a José Antonio Ramos Sucre, un poeta venezolano, que nació a fines del siglo XIX y que creó una de las obras poéticas más luminosas y de corte contemporáneo que conozcamos, cuando los demás poetas del continente tejían sonetos, él escribía poemas en prosa, su obra guarda la frescura poética que muchas obras más famosas que la suya ya han perdido.

Junto a él está José Martí muchos los conocen por su actividad para liberar a Cuba del dominio español, por lo cual pasó gran parte de su vida en la cárcel, pero acercarse a la lectura de Martí, es encontrarse con un gran escritor y ensayista, que leyó con lucidez la sociedad de su época y contribuyó al desarrollo intelectual de sociedades como la de México y Guatemala. En una época en que la literatura infantil era considerada como un género menor, él realizó una revista sobre el tema, que cultivó también.

No tengo por qué señalarles a alguien que todos conocemos y que deberíamos releer completamente, y es a Porfirio Barba Jacob, nuestro poeta más universal, a quien los propios mexicanos confunden con un autor propio, y cuya obra fue considerada en su justo peso a través de la antología de Jorge Cuesta que señalaría el camino de los más importantes poetas mexicanos del siglo XX, muchos de los cuales pertenecieron a la generación de contemporáneos. Entre los textos de barba Jacob, se encuentra un texto lúcido y un poco desconocido que es una historia de la literatura colombiana.

Junto a Barba Jacob, apareció en esa misma antología de Jorge Cuesta un autor que me marcó mucho, se llama Xavier Villaurrutia, como Barba, fue homosexual y su obra poética se recoge en una treintena de poemas, su talento lo dedicó mucho más a la dramaturgia y a la crítica de cine, pero su verdadero valor radica en esos pocos textos, que conllevan una de las voces más grandes de Mexico y América latina. Cultivó un modernismo inteligente, con acento filosófico y crítico. Fue mentor del Octavio Paz de los años juveniles, y él es quien en un libro que se llama Xavier se escribe con X recoge instantes valiosos de la existencia de Villaurrutia Un libro, también publicado por FCE, Nostalgia de la Muerte recoge su obra poética y teatral.

Otro grande es sin duda el argentino Oliverio Girondo. Su poesía cotidiana y surrealista impactó al Buenos Aires de los años 20, Poemas para ser leídos en el tranvía y espantapájaros se agotaban en las estaciones del Metro.

He pasado muy brevemente sin ahondar como quisiera en algunos conceptos y autores que me agradan y que he leído y releído con pasión, no quiero dejar de nombrar a Roberto Artl, también argentino, al uruguayo Roberto Juarroz y su poesía Vertical, que es filosofía escrita en versos, a otros norteamericanos como el periodista John Reed, y a John Cheever. Entre los colombianos a José Manuel Arango, y a rescatar de las polillas a un gran cronista nuestro que se llama Eladio Gónima con sus Apuntes para la historia del teatro de Medellín y vejeces.

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