viernes, 11 de septiembre de 2009

Gustavo Gómez Vélez: LO QUE LEEN LOS ESCRITORES



Por: Gustavo Gómez Vélez
Itagüí, Colombia. 1966.
Actor y escritor. Realizó estudios de teatro y literatura en la Universidad de Antioquia.
Ha sido colaborador de periódicos y revistas culturales y literarias a nivel nacional e internacional.
Ha participado en diversos eventos y ferias del libro como la Feria Internacional del Libro de Bogotá y Medellín respectivamente.
Como actor ha participado en las obras: Sueño de una Noche de Verano, Pluf el fantasmita, Homo Dramáticus, Pareja Abierta, La Naranja Mecánica.
Se desempeñó como docente en artes escénicas y literatura en la Casa de la Cultura de Envigado entre los años 1992 y 1996.
Coordinó el programa radial “Cuentos y relatos del mundo” en la emisora Diners de Medellín.
Artículos y cuentos suyos han sido publicados en antologías nacionales e internacionales.
Suplente Residencias Artísticas Colombia—México, Área de Literatura, 2000, Ministerio de Cultura de Colombia.
-Jurado del Concurso de Cuenteros “Entre Flores y Cuentos” de la Alcaldía de Medellín, 2005.
-Organizador del Seminario de “Creación Literaria” y del Seminario “400 años del Quijote” para docentes de la Secretaría de Educación de Itagüí, noviembre 2005.
Moderador de la Mesa Nuevos lenguajes urbanos, con los escritores Pablo Simonetti (Chile), Marcelo Birmajer, Guillermo Martínez (Argentina), Juan Carlos Botero, Fernando Quiroz (Colombia), durante el Encuentro de la Lengua organizado por la Alcaldía de Medellín y Editorial Planeta, marzo de 2007.
Jurado del premios Nacional de Poesía Ciro Mendía, Caldas, Antioquia, 2008.
Actual mente se desempeña como coordinador del Área de Fomento Cultural de la Biblioteca Diego Echavarría Misas de Itagüí.
Reside en Itagüí.

LIBROS PUBLICADOS
Los Amoríos de Silvana Blert y otros cuentos, Tercer Mundo Bogotá, 1997
Obligaciones Domésticas, en la Antología de Cuento Colombiano Veinte Asedios al amor y a la muerte, editado en 1998 por el Ministerio de Cultura de Colombia.
La creación en la zozobra y la zozobra de la creación, ponencia publicada por la Secretaria de Educación de la Gobernación de Antioquia, 1998
Usted no tiene quién me quiera, relatos. Fondo Editorial Ateneo y Secretaría de Educación Municipio de Itagüí, 2000
Ofrendas del Día, escritores Itagüiseños, 2001
Revista ODRADEK, el cuento, “Que pase el siguiente”, 2007
Varios cuentos en la Revista Susurros, Francia 2007
Coodinador editorial del libro Premios de Cultura Ciudad de Itagüí 2006 y 2007, publicados por la Alcaldía Municipal de Itagüí.
Yim Buck, al margen de la sangre, publicado en México en la Antología de Cuentos Colombo—Mexicanos “Abrevadero de Dinosaurios”, 2008
Antología de cuentos, “Erotismo de Salón”, Fundación Confiar, 2008
Ficción la página, “Un día de estos mataré a mi etcétera”, 2009
Finalista del Concurso Nacional de Novela y Cuento de la Cámara de Comercio 2009
Amores de Tedio es su primera novela publicada


Leer, leer, como se dice leer, leemos muchas cosas. Qué cosas leemos, quizá ahí está el asunto.Uno lee novelas amorosas francesas, policiacas, novelas históricas, cuentos rusos, españoles, poetas malditos o a esos malditos poetas.
Lee para entretenerse, para saber que no sabe, para entretener a otro hasta que se duerma, lee a veces sin atención, por hábito de que como somos escritores tenemos que estar leyendo o simulando que lo haces aunque en ese día no tengas ni pizca de ganas de leer.
Se sabe que cada momento de la vida te lleva a leer ciertas cosas particulares, quizá porque estés buscando respuestas a tu existencia o porque estés indagando un tema literario que han trabajado otros autores, y además sus formas de escribirlo, de cómo lo hace Gógol con su Nariz, o Kafka con su cucarachita humana esquivando la escoba bajo la cama, o los bien elaborados diálogos de Hemingway en el relato Los Asesinos cuando a través de las voces de los protagonistas nos envuelve en una tensión extraordinaria, o cómo Ray Bradbury nos instala en el futuro tecnológico que no habíamos imaginado y que ahora, cual visionario estamos viviendo.
Qué decir de las descripciones de época en las obras de Flaubert y Maupassant, auténticas, originales radiografías de su sociedad, donde los personajes parece que estuvieran a nuestro lado.
Mencioné el tema del diálogo que me ha interesado en muchos escritores y que trato de utilizarlo en mi trabajo creativo, y son esos autores dramáticos, que aquí que tengo el gusto de estar con el maestro Gilberto Martínez, que conoce como nadie el tema dramatúrgico, sabemos que Shakespeare por ejemplo nos ha dejado una lección, no solamente por el contenido de sus obras, por la búsqueda de la profundidad del espectro humano y de lo que cada hombre puede llegar a ser impulsado por la fuerza de algún sentimiento, sino, y quiero destacarlo, es la manera cómo Shakespeare construyó sus obras por la boca de los personajes. En su escritura, yo leo la historia libre de un narrador omnisciente, libre de esa tercera persona narrativa, que no intermedia entre uno y lo que hacen esos personajes. Ellos nos van contando a través de sus palabras. Nadie nos está diciendo Hamlet dijo a su madre, ni acotaciones como le comentó en todo susurrante, no. Son las palabras deliberadamente escogidas por el autor las que dan caracterización a los personajes a través de sus propias voces.
Esa forma, el cómo de la escritura, que es en esencia la huella de cada autor, ese trasegar con las palabras en su cómo particular lo que nos hace sentir, degustar, oler, transpirar, odiar, enaltecernos, dolernos, solidarizarnos, sobre todo teniendo en cuenta que estamos enfrente de una realidad ficticia: esa es la magia que nos hace gustar de la lectura de esos autores.
Lo que quiero resaltar ahora es que los escritores; mentirosos refinados, o vulgares prosistas, nos llaman la atención por su tono, su voz particular; aclarando que las voces de los escritores nos llegan en primera instancia gracias a la lectura que uno hace con sus ojos, o con sus dedos, según se vea.
La Voz. Eso de la voz nos hace venir aquí a tratar de que alguien, o alguienes escuchen la voz de uno, de quien seguramente nunca habrán leído nada en absoluto, y que por un oír desinteresado quizá pretenda escuchar unas cuantas “babosadas”, y luego se dé cuenta de que el cuento puesto en una mesa de conferencias no tiene ninguna gracia, es una “caspa”, o de porqué siendo antioqueños, tan dicharacheros, nos ponemos tan serios, y es mejor estar allá, tendido en una manga “calentándole la orejita a la pelada”.
Antes se pensaba en los que viven más allá de la mar, que qué harán, cómo escriben, cuáles son sus imaginarios, pues de otro lado, hoy es común escribir desde cualquier lugar del mundo y de cualquier lugar, sea real o virtual, es igualmente un acto de suprema ficción literaria.
Caminar por una fría ciudad rusa buscando su nariz, o ser un perro amarillo en New York, no hará en sí misma, que la ciudad nos quite la trama, pues lo que nos ha envuelto, es lo que sucede, aún la ciudad sea el centro de la trama, porque lo envolvente es el cómo se nos lleva a través de las situaciones y las atmósferas bajo un juego de acuerdos entre escritor—lector. Y ese es el acto noble de la escritura, de la narrativa: la existencia de un acuerdo de cómos. Que la voz personal y lo inquietante de la historia que sigo con atención me saque, me extraiga y abstraiga del sentido común, ese sentido común del que nos habla Nabokov: “El sentido común es cuadrado mientras que las visiones y valores más esenciales de la vida tienen siempre una hermosa forma circular, son tan redondos como el universo o los ojos de un niño cuando asiste por primera vez al espectáculo del circo”.

Pero qué más leemos los autores sino lo que el mundo nos da para leer.
Leemos historietas, revistas de farándula, crónicas de sangre, artículos de opinión, películas y siempre algo de todo aquello que leemos deja restos, como basuras que reciclamos para hacer una obra teatral, un cuento, una novela, un poema.
Leemos, o considero fundamental en la percepción de cada quien, los labios hablando, la ceja levantada, el estornudo a la hora de juntas, el grito de gol, el hijueputazo con cariño, las manos entrelazadas y tensas, los orificios de la capa epidermal, aguzamos los oídos para escuchar frases apropiadas e inapropiadas, secretos no dichos, atmosferas de amor entre dos que no se miran, ansiedades reflejadas en la uña comida, leemos el golpeteo de la gota en la cocina como un relojito de terror, la lluvia que alguien lleva por dentro mientras en los ojos vemos sequía. Todo lo podemos leer y lo tenemos qué leer para dar testimonio, para no aburrirnos de las otras lecturas impuestas, para esquivar las otras mentiras cotidianas del ministro de hablar, de la globalización de la pobreza, o para evitar el suicidio.

Dentro del modo de escribir, tengo algunos momentos de lectura que abren el apetito. Generalmente cuando voy a escribir es porque llevo un tiempo determinado con una idea o una frase sonando por dentro, o una imagen grabada en el sueño. Cuando estoy sentado escribiendo me vienen todos esos restos de vida, llegan pidiendo puesto en algún lado de la página, y es ahí entonces cuando debo dejar que se vayan acomodando y escribo y escribo. Si se trata de un cuento o relato corto lo escribo rápido, no me quedo haciendo estructuras predeterminadas, o un esquema de trabajo, ni cronograma para el principio, luego el clímax y tal día debo estar haciendo el final. No. Sale, lo que sí es más extenso, es después de escrito el texto, las correcciones, las lecturas con otros, las nuevas correcciones.
Si se trata de una novela, según el tema y la caracterización de los personajes, escribo el comienzo, y a veces me detengo un periodo para leer y hacer observaciones, entrevistas, que me permiten luego alimentar el trabajo.
Cuando no estoy escribiendo, porque no soy el que se pone la tarea de escribir diario así no tengas nada qué escribir, sino que en ese período leo, retomo autores, o libros que uno hace rato compró y no ha leído, o simplemente vivo.

Porque vivir escribiendo es una cosa y escribir viviendo otra. Hay quienes escriben para vivir, para vivir de lo que escriben, o para vivir, porque ocurre que puede ser el único sentido de la vida de un hombre, escribir.
Yo me paso la vida viviendo común y corriente, y tengo ratos que me da por escribir. No podría decir aquí que me la paso escribiendo y leyendo.
Si algo de lo que escribo puede ser leído y producir algo en otro, pues vivir es bueno, y escribiré igual cuando sienta que debo hacerlo.
Al fin, tanto en la vida como en la escritura, hay que comenzar todos los días, y según con cuál pie te levantes, sin agüeros, hallarás una palabra que te motive, que te incite a seguir.
Ah, también leemos la vida suspensa en el hilo de un gatillo.
Agosto 7 de 2009
En el día del desfile de silleteros

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