lunes, 2 de mayo de 2011

Alfredo Molano





Alfredo Molano nació en Bogotá en 1944. Cursó estudios de sociología en la Universidad nacional, donde obtuvo una licenciatura en 1971, y fue alumno de la Ecole Pratique de Hautes de París entre 1975 y 1977. Ha sido profesor de varias universidades; colaborador de revistas como Eco, Cromos, Alternativa, Semana y Economía colombiana, y autor de numerosos trabajos de investigación aparecidos en diferentes medios. Ha recorrido el país hablando con colombianos de los más remotos rincones, dando vida a libros que hablan como pocos de la realidad nacional. Ha sido director de varias series para televisión y ha obtenido el Premio de Periodismo Simón Bolívar, el Premio Nacional del Libro de Colcultura y el Premio a la Excelencia Nacional en Ciencias Humanas, de la Academia de Ciencias Geográficas, por una vida dedicada a la investigación y a la difusión de aspectos esenciales de la realidad colombiana. Entre 2001 y 2002 vivió exiliado en Barcelona y en Stanford, donde fue profesor visitante.

Aguas arriba A través de una narración ágil y brillante, Molano nos conduce por territorios de nuestra geografía donde sobrevivir no es una tarea fácil.
Del Llano llano Una de las mejores obras de Alfredo Molano.

Desterrados El camino para comprender el conflicto de Colombia no está en estudiar a la gente sino en escucharla.
Los años del tropel Perspectiva novedosa en el estudio de la violencia en Colombia entre 1946 y 1966. Molano recurre a la entrevista directa y abierta, a la reconstrucción histórica y a los hechos verídicos
Selva adentro La obra recoge la experiencia de los campesinos que emigraron a la región desde los años veinte (la época del caucho y de la colonización rapaz).
Siguiendo el corte Los relatos corresponden a la voz de seis colonos que habiendo escapado de la violencia de los años sesenta, optan por rehacer sus vidas, en condiciones que en principio, parecerían más “seguras y favorables”.

Fragmento Función social de la masacre.
Cumplida la primera fase del plan, las Auc entregaron armas, mas no sus estructuras, y las fuerzas oficiales retomaron el control del orden público, bajo el señuelo de la Seguridad Democrática. Saneado así el ambiente social, el gobierno de Uribe impuso a pupitrazo limpio en el Congreso el nuevo Código Minero, que les da todas las garantías a las grandes transnacionales mineras. El verdadero resultado positivo de la toma paramilitar del Catatumbo fueron la defensa del oleoducto Caño Limón-Coveñas y la explotación de las riquísimas minas de carbón de la Serranía de Tibú entre los ríos Sardinata y Río de Oro. Es la misma estrategia usada tras el oro en la Serranía de San Lucas, en el norte de Cauca, en el occidente de Caldas y en los ríos San Juan y Atrato, que beneficia a la empresa Kedhada. Tras el carbón de Landázuri y el Carmen de Chucurí está la Rio Tinto Mining Co. y tras el de La Jagua de Ibirico, la Drummond. En resumen, el inventario geológico nacional ha sido la guía de la ruta paramilitar. El nuevo Código Minero viene a sancionar en derecho lo que los paras hicieron de hecho.
Fragmento de Ahí les dejo esos fierros
De alias Desconfianza:
“A mí se me atravesó un conservador y lo cogí por la oreja hasta que la sangre que botaba me hizo resbalar los dedos y se me escapó. Ahí principié a cuajarme y a sentirme bueno para la acción. Para un miércoles de Ceniza bajamos a Cabrera. Había un comerciante rico que vendía la sal que necesitábamos para el ganado cada vez más cara. Nos dio rabia y ese día, después de misa, le saqueamos el almacén y nos llevamos todo. Así seguimos hasta cuando Laureano, que ya fue una guerra de muerte entre los dos partidos de siempre: unos mataban liberales y otros mataban conservadores. O sea, nos matábamos entre todos”.
“Trabajé dieciséis años organizando y encabezando grupos de la autodefensa. Llegué a tener 118 grupos con ochocientos y pico de hombres, preparándolos para el combate cuando dieran la orden, que la dieron varias veces. Cuando la cosa se puso negra, enviamos gente a Marquetalia”.
De doña Uca:
“La verdadera causa de tanta pelea era defender la tierra y la vida, que al final para nosotros era lo mismo. Todo comenzó entre liberales y conservadores. Nosotros éramos liberales. Cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán, mi papá dijo que los liberales teníamos que defendernos porque nos iban a acabar los godos.”
“Nosotros queríamos a la guerrilla porque nos defendía, a pesar de que la llamaran chusma. Al principio le temíamos, pero después la queríamos. Así me enamoré de Desconfianza. La guerrilla defendía lo que Erasmo Valencia había sembrado, la lucha por la tierra, que comenzó rebelándose contra la obligación de pagarles a los terratenientes dos o tres días de trabajo, a cuento de nada. Era una esclavitud. Fue la organización de Erasmo. Yo estaba muy pequeña, pero me acuerdo de los cachos que tocaban para llamar a las reuniones. Eran largos y torcidos. Esa pelea era por sobrevivir, y cuando mataron a Gaitán, que era liberal, se formó el zafarrancho. Comenzaron los conservadores, que eran los chulavitas, a perseguir a los liberales, que llamaban chusmeros. Mi papá era liberal y me decía que los conservadores no podían mandar porque la mayoría del país era liberal”.

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