viernes, 11 de septiembre de 2009

Omar Castillo: PALABRAS EN EL LABERINTO DE LA INFANCIA



Por: Omar Castillo
Omar Castillo nació en Medellín, Colombia, el 9 de diciembre de 1958.

Ha publicado los libros de poesía: Divagaciones (1978); Vestuario (1979); Garra de gorrión (1980); Limaduras del sol (1983 y 1986); Fundación y rupturas (1985); Relatos del mundo o la mariposa incendiada (1985); Informe (1987); Relatos de Axofalas (1991); Leyendo a don Luis de Góngora (1995). En 1998 reúne su obra poética publicada desde 1983 bajo el título Relatos del mundo, en donde incluye además Fragmentos y Sonetos para la infancia que habita la piedra (Ediciones otras palabras, Medellín, 1998); después publica: Abra, el libro de los amigos (Los Lares, Casa Editora, Medellín, 2003); Poema de New York, con traducción al ingles por G Leogena (Marginales, Los Lares, Casa Editora, Medellín, 2007); Los años iniciales en el vacío, 2001-2008 (Fondo Editorial Ateneo Porfirio Barba Jacob, Medellín, 2008). Y el libro de ensayos: Asedios, nueve poetas colombianos & Crónicas (Los Lares, Casa Editora, Medellín, 2005).

Ha sido incluido en antologías de poesía colombiana e hispanoamericana.

En septiembre de 2005 la revista Babel, dirigida por Víctor Bustamante y publicada en Medellín, le dedica su número 6 donde se reúne una valoración de su obra, un conversatorio con el poeta y ensayos de varios autores que dan cuenta de su crear poético.

De 1984 a 1988 dirigió la revista de poesía, cuento y ensayo Otras palabras, de la que se publicaron 12 números.

Actualmente dirige Ediciones otras palabras activa desde 1985, empresa en la que se han publicado más de 30 títulos entre poesía, ensayo, teatro y narrativa, en su mayoría de autores colombianos. Y la revista de poesía Interregno editada en Medellín desde 1991 y de la que se han publicado 19 números.



Años antes de entrar a estudiar la primaria, y debido a mis temores por el trato dado a los niños en el kinder del barrio, mamá ya me había enseñado a leer y escribir. Tenía entonces cinco años, había nacido en diciembre de 1958, y mis lecturas iniciales, además de la cartilla de aprendizaje, fueron las revistas de caricaturas y los libros de historietas de vaqueros, detectives y de la segunda guerra. Pasé muchas tardes y noches sobre dichas publicaciones, al punto de recrearlas convirtiendo la casa de mi infancia en un pueblo del oeste o en un campo de batalla entre los aliados y sus enemigos, entonces me lanzaba a perseguir cuatreros y forajidos o a huir de los asaltantes que perseguían mi diligencia. También conducía tanques de guerra o me refugiaba en trincheras donde la vida y la muerte dialogaban en medio del fuego enemigo. Como agente secreto corría mi imaginación desde los balcones de la casa, donde vivía atento al suceder del vecindario, a sus olores, maneras de comportarse y cuanto implicara una pista para descubrir sus secretos, sus acechanzas. En la tienda de una de las cuatro esquinas de la cuadra y al caminar por las aceras las palabras de los vecinos, sus conversaciones, me revelaban contenidos cifrados, eran el abracadabra de sus intimidades y posibles comportamientos. Ante lo abstraído y huraño de mi infancia esas lecturas, de alguna manera, establecieron mis primeros diálogos con el mundo y las realidades donde se entraña su complejidad. Mientras crecía y llegaba la edad para empezar la primaria. Fue así como una mañana de febrero fui llevado de la mano de mamá hasta la entrada de la escuela República del Paraguay, en el barrio Antioquia donde vivíamos, ya ahí, sentí todo el miedo de tener que entrar en contacto con tantos niños y adultos, mi mano no quería soltarse de la mano de mamá… pero era inevitable, el sometimiento educacional empezaba. Con mi maleta, de la que no recuerdo su contenido, probablemente un cuaderno, la cartilla de lectura y un lápiz más un borrador y el saca puntas, crucé el umbral de ingreso.
Cruzar esa puerta modificó mis rutinas. Como ya sabía leer y escribir ese primer año escolar resultó monótono, empero me fue suficiente para aprender a mantener a raya la brusquedad de mis compañeros y demás alumnos de la escuela, me permitió los primeros argumentos para mantenerme al margen de sus torpezas y disputas. Mis lecturas continuaban acompañadas por dos o tres radionovelas que escuchaba en las horas finales de la tarde en compañía de mi abuela, mi mamá, mi tía abuela y doña Ana. En la cocina de la casa, y mientras ellas hacían sus oficios y yo en un rincón tomaba café hecho en agua de panela, en la radio empezaba la transmisión de Kalimán y más tarde de Arandú el príncipe de la selva, de la otra radionovela no recuerdo su nombre. En esos años era un privilegio económico tener televisión. En cambio los fines de semana, desde mis dos meses, mamá me llevaba al teatro del barrio a ver películas mexicanas, lo que terminó convirtiéndoseme en una afición irresistible, ahorraba para comprar historias escritas y para ir al cine los lunes y los domingos. También nació mi hermano Fabio Orlando, lo que significó una gran alegría y me quitó ese estorboso sentimiento de ser hijo único.
Y llegó el segundo año escolar y con él la puesta en práctica de lo aprendido el anterior, entonces en la materia de lectura nos pusieron a memorizar poemas de Gregorio Gutiérrez González, Epifanio Mejía, José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob y León de Greiff. Estos señores y sus poemas significaron mi primer encuentro con la poesía, con un lenguaje dispuesto en su escritura de forma muy diferente al de la prosa que hasta ese momento leía, no sólo se disponía sino que se comportaba de manera extraña en su contenido y en la forma de expresarlo. Todo esto me perturbó, leer se hizo difícil, y más aun tener que memorizar algunos de esos poemas y decirlos en clase. No era fácil, y para ajustar tenía problemas de gaguera. Me daba dificultad desatar las palabras, se me quedaban pegadas en alguna de sus sílabas. Era como si viviera atragantado de palabras y en el momento de pronunciarlas estas se agolparan todas entre el umbral de mis labios y el movimiento de mi lengua hasta inflar mi garganta como si fuera a explotar. Era difícil la situación, no tanto por las bromas y burlas de los demás sino por la fatiga que esto me producía. Empecé a darme cuenta que en gran medida todo obedecía al silencio por tantos años acumulado, a mi poca o casi ninguna necesidad de expresar mis palabras, de armarlas en frases orales que me conectaran con el exterior, hasta entonces me había sido suficiente con el escenario de mi mente, donde cada palabra se decía nítida y sin dificultad.
De los poemas puestos como tarea me tocaron “Los maderos de San Juan” de José Asunción Silva, “Futuro” de Porfirio Barba Jacob y “Relato de Sergio Stepansky” de León de Greiff. Esto fue súbito, así no más, porque era una tarea y se tenía que cumplir con la nota. No recuerdo nada del profesor que nos enseñaba, en cambio no olvido a don Luís Alzate, director de la escuela, quien con su entusiasmo procuraba que sus dirigidos aprendiéramos cuanto fuera posible, más allá de nuestros precarios recursos. Así fui enfrentado a unas palabras escritas en renglones cortados que perseguían un ritmo de alguna manera musical, unas palabras cuyos contenidos resultaban difíciles de aprehender en las historias que intentaban contar, transmitir. Más aun, a diferencia de las historietas leídas, interpretadas y casi puestas en escena por mí, ¿cómo interpretar o representar estos poemas, el contenido de sus versos? Peor, tenía que memorizarlos y decirlos en clase tal cual estaban escritos, mientras mis historietas podía representarlas a mi antojo y sin el sometimiento a una calificación. Apenas si logré superar un tres sobre cinco. Podría decir: mi primer contacto con la poesía había resultado fastidioso y, de alguna manera, afectado por unas prácticas educacionales donde me resintieron con la forma y las maneras del lenguaje poético, es decir, con esos tres poemas que en ese entonces, para mí, eran toda la poesía.
Empero la memoria produce hilos en sus diferentes laberintos, hilos que sin servir de guías permiten descender o ascender sus tramas hasta hacer perder las intenciones por salir de sus oscuros o luminosos pasadizos. Y es talvez en ese instante cuando se fundan las pasiones de cada ser humano, las pasiones y la raíz de un carácter siempre aflorando en sus precisos y necesarios momentos por vivir. Y no se trata de calcular o presagiar una existencia en lo individual o en lo colectivo de sus acciones, aquí sólo cabe decir dos cosas, una: esa obligación por memorizar esos tres poemas en aras de una nota fue molesta y no pasó de ser una rutina escolar. Dos: lo anterior no evitó que el ardor por la poesía quedara inoculado de manera casi silenciosa, gravitando en esas nuevas palabras escuchadas, mecánicamente, en esos días de clase: poema, verso, estrofa, rima, ritmo, medida silábica, verso blanco…
Los años de escuela primaria fueron sucediéndose paralelos a las necesidades que la cotidianidad va demandando, exigiendo cuando se es niño y nacido en un barrio discriminado por decreto municipal como zona de tolerancia, es decir, sector de prostitución. Cuando en gran medida estaba habitado por mujeres y familias que se vieron obligadas a huir de sus pueblos víctimas de la violencia de los años cuarenta y cincuenta. Personas, en su mayoría analfabetas, algunas acaso medio sabían leer y escribir, otras apenas garrapatear sus nombres, seres que intentaban rehacer lo que quedaba de sus existencias, y con férrea voluntad para el trabajo. Mis lecturas se fueron ampliando de forma ocasional, comprando libros de segunda en la carrera Bolívar, sobre la acera de entrada a los teatros Granada y Medellín. Esto era posible porque diariamente bajaba, desde el barrio, al sector de la Bayadera y al sector de San Juan y la carrera Bolívar a repartir en algunos cafés y puestos de comida los fritos que elaboraban en mi casa. En esa acera compré libros de historia, de religiones, de los perfiles de los políticos mundiales de principios del siglo XX, algunas novelas, teorías sobre la evolución del hombre… cuanto libro abría y al ojearlo se hacía de mi interés. Y sucedió que me encontré con libros de poemas de Porfirio Barba Jacob, José Asunción Silva y más adelante con una antología de León de Greiff.
El encuentro con estos poetas ya no estaba intervenido por una obligación escolar, obedecía al deseo de leerlos, al instinto que me lanzaba a descifrar el aguijón inoculado por los tres poemas de ellos memorizados en la escuela. Y comencé a leerlos, a dejarme llevar por sus ritmos más que por la comprensión de sus contenidos, a involucrarme en sus atmósferas por enrarecidas que estas me significaran, los leía y releía, me extraviaba en sus versos, en sus estrofas, en ningún momento intentaba entenderlos, menos memorizarlos. Quería alcanzarlos, leerlos sin obstáculos, a mi antojo, ya iniciando la lectura desde el primer verso, ya desde el último hasta el primero, ya desde el verso que se me antojara, ya intercambiando el orden de las estrofas, en fin, sintiendo que los poemas caminaban y compartían conmigo las peripecias de la existencia.
En ningún momento pasaba por mí el deseo de ser poeta, la lectura de los poemas de otros era suficiente. Por entonces quería ser actor y escritor de teatro. A mis doce años en esas andaba, sacaba el tiempo posible para leer teatro, intentar escribir teatro y llegar a ser actor. Y tuve mi oportunidad de ser actor, esta experiencia sirvió para aflojar mi gaguera, hacer posible que mi pronunciación saliera sin tanto estorbo en sus sílabas, poder hacerme a mi cuerpo, iniciar el camino de mi cuerpo, de cómo desamarrarlo hasta poder disfrutarlo en sus carencias y en sus presencias. Pero el ejercicio del teatro involucraba trabajar en grupo con actores que por momentos se perdían en el ego de sus interpretaciones y en las ficciones de su realidad. Todo esto resultaba tedioso en el trato y en la convivencia, entonces terminé dejando el teatro.
Y desde los oficios a los que la necesidad diaria me llevaba sacaba los espacios suficientes para refugiarme cada vez más en la lectura. Comprado también en ese agáchese de la acera a la entrada de los teatros Granada y Medellín, desde mis catorce años leía, en edición rústica y bastante ajada, a San Juan de la Cruz. Lectura posible por el diálogo con los tres poetas de esta narración. Con ellos tres se estaban ampliando las empatías y antipatías dadas cuando el trato es directo y sin ataduras. Valga decir: sólo para una nota aprendí de memoria el abecedario, desde entonces no sé decirlo de memoria. Leyendo a estos tres poetas y a San Juan de la Cruz se fue acentuando en mí la idea de que las letras del abecedario son agujeros, ventanas por donde es posible ver, aprehender. Una letra con otra haciendo posible una más amplia visión, y más asombroso, una palabra con otra haciendo ver y nombrar las realidades próximas y, más tarde lo descubrí, la otredad. Esto implicó entender que la lectura no sólo es posible desde las letras del abecedario, saber como en el mundo, en el universo existe un abecedario expresando cada instante. Y aprehender a leerlo es necesario, pues nos permite una comprensión, acceder a la realidad como una página inédita y asombrosa.
Leer la poesía de José Asunción Silva me inició en el descubrimiento de un poeta y el comportamiento ante cada una de las palabras por él utilizadas para la elaboración de sus versos, la manera de sopesarlas, casi medirlas en la calidad del impacto que sospecha dejarán en sus lectores, en las realidades desmoronadas o amplificadas por ellas. Todo en un lenguaje casi llano, sin la retórica y artificios estilados en la poesía de su tiempo. A diferencia del Modernismo Hispanoamericano encabezado por Rubén Darío, que significa sus conquistas literarias en lo enrarecido de sus gustos, y en lo exótico de los temas llevados a su escritura, Silva, siendo un hombre afín a la cultura y sensibilidad de su tiempo en occidente, manejó en sus poemas estructuras, ritmos y temas que aún hoy se dejan leer sin lo estorboso de las modas con que nombraban las realidades de fines del siglo XIX e inicios del XX. Con Silva aprendí como cada palabra debe sopesarse y auscultarse en las acepciones y exilios de su significado, que nombrar con ellas desde un poema no es arrojarlas al desgaire, que cada palabra es el origen de una veta posible para asir o ser asidos por las realidades donde no termina de configurarse el mundo, el universo.
La poesía de Porfirio Barba Jacob atrapa en las redes elaboradas con la retórica de cuño metafísico donde cunden los sentimientos y se presume amparar la condición, el desgarramiento y la orfandad humana. E inevitablemente caí en sus redes. Barba Jacob es un Modernista de último aire, al parecer las vanguardias originadas desde el mismo Modernismo en Hispanoamérica le resultaron indiferentes, al punto que decidió ignorarlas y reclutarse en su solo grito, de él y para él. Por un mínimo instante uno podría asociarlo con César Vallejo, con algunos de sus poemas de Los heraldos negros, pero es sólo un espejismo, Los heraldos negros es el libro con el que Vallejo cancela sus cuentas con el Modernismo, Barba Jacob siempre mantuvo sus cuentas, en especial con Rubén Darío. Empero quedan poemas de Barba que son inevitables, conmueven. Con todo su lastre caricaturesco él me permitió saber que la poesía no son sólo cargas de sentimientos, puñados metafísicos en gritos de espanto.
Con León de Greiff fue distinto. Ante todo su poesía me significó ritmo, sonoridad de las palabras produciendo su propia música, instrumentos interpretándose desde sus meros sonidos. Así la leía, sin mortificarme por no entender sus contenidos. Sus versos me incitaban a la danza que se aferra a la tierra efímera mientras el universo delira alrededor y el cuerpo ejerce como el instrumento posible para ese acto. Después fui entrando en la trama de sus contenidos, solventados casi siempre en las vastas lecturas practicadas por el poeta, en sus preferencias musicales y en el mórbido deseo por enrostrarle al ser humano las patrañas donde se funda su condición, el esperpento de su noción del mundo. Se han dicho muchas cosas sobre la poesía de León de Greiff, sobre la dificultad que presenta a sus lectores lo arcaico y raro de su vocabulario, lo arduo de las referencias musicales y literarias puestas en sus poemas y, ante todo, lo complejo de su clasificación en los escalafones literarios, aquellos que definen escuelas y generaciones. La mayoría lo califican de modernista trasnochado, vanguardista desteñido entre François Villon y el movimiento Dada, todo lo anterior pasado por las aguas del siglo de oro español. Otros lo anclan en las leyendas y virtudes de un mundo dado a lo decrépito del olvido y la bohemia, en fin. A mí don León de Greiff me lanza a acoger en una misma página la obsesión de Silva por hacer de la palabra el centro desde donde se establece la escritura de un poema, la palabra al filo de la realidad y de la otredad donde se confunde y revela lo humano. A permanecer alerta para que el poema no sea un sartal de sentimientos y pasiones sueltos en el zoológico donde lo humano pretende enrostrar su ser divino, como lo pretendiera Barba Jacob. Y al mismo de Greiff impartiendo sus estructuras poéticas en ritmos no condicionados por los lugares desgastados en la costumbre donde se ha pervertido el gusto sonoro y embrutecido la capacidad de percepción para un poema, a ese de Greiff casi inédito para el conjunto de países de lengua española.
Después pude aproximarme a otros espacios de la ciudad y descubrir las librerías del centro y en ellas otras ediciones más completas de estos poetas y de otros cuyas lecturas me depararon encuentros, diálogos aun posibles en el laberinto más allá, o más acá de mi infancia.

Gabriel Jaime Caro: EL ESCRITOR Y SUS LECTURAS*


Por: Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

Gabriel Jaime Caro (Medellín, Colombia, 1951). Poeta, pintor y crítico de cine. Reside en Nueva York desde el año 1982. Cofundador de varias revistas de poesía, entre ellas: Siglótica, 1977, Gaceta, 1981 - ambas en Medellín, Colombia. Luego en Nueva York, Realidad Aparte, cofundador y director desde 1984 hasta el año 2000. Ha publicado los siguientes libros de poesía: 21 poemas, Editorial Crucimes, Nueva York, 1983. / La Risa de Demóstenes, rara, Editorial Posada, México, 1985. / El libro de los seres inútiles, Editorial Endimión, Medellín, Colombia, 1989. / Orvahlo. Tríptico con los poetas Carlos Enrique Ortiz y Javier Naranjo, Editorial Ojo, Medellín, Colombia, 1990. / El eco de este ardid, Editorial el Bolsillo roto del mecenas pobre, Medellín, 1999.

Para empezar una parte del programa seleccionado en un taller de lecturas para iniciados, no iniciados, poetas, en Nueva York - Lingüística de la testarudez délfica -, algo con lo que siempre soñaba Lezama:
Derrida, por la desconstrucción de lo que no se ha construido.
Noan Chomsky por una gramática para cualquier software. Foucault, el poder también articula el lenguaje.
En Biología, la neobiología alternativa: Pinker y su tabulisísima rasa. Filosofía de las encomiendas: Hana Arent, George Agambeb, Filosofía altamente recomendable para colombianos: Levinas, Alvaro Mutis, Fernando Vallejo, y jugo de lulo de vaginas cibernéticas: Zizek (el marxismo lacaniano), Bárbara Cansini.
Canon de cañones: Harold Blum, y George Steiner.
Poquedades del horror: Celine, Gombrowicz, Pessoa, Borges.
Ditritus poético: Danilo Kis, Gerardo Denis, Kozer, Gonzalo Rojas, Eduardo Espina, Lorenzo García Vega, Alejandra Pizarnik, Néstor Perlongher, Giovanni Quessep.
Postdata: George Santallana.

Casi Todos, por no decir todos, muy contemporáneos, muy cerca de significantes, lo que aflora en el tablero del ignorante solícito. E aquí la barbarie, pero con pelota de juerga, por los polirritmos de un pasado a una tienda moderna de devenires orgánicos. Saber tasar el cuerpo para el ron, y la libertad del conjunto que agradece un buen gol en las alternativas.
Marcel Proust, recomendaba los dos cuartetos de Beethoven para cuerdas para morir en paz, después del sesudo libreto del materialismo.
Leer toda la literatura política contra el Stalinismo (incluyendo a Cuba), y tomarse un vaso de crítica, no le quita a un izquierdista su fortuna de serlo; NO HACERLO lo coloca a la derecha del mamertismo. Fueron o seguirán siendo más décadas de represión (las del Stalinismo, a pesar de la Desestalinización de los años sesenta) al nazismo de los campos de concentración, por seis años.
La buena literatura y música (La nueva Trova, por ejemplo), que se hace en estos regímenes, no tienen que ver nada con la revolución represiva. Los grandes artistas ya no tienen que arrodillarse al poder dominante como Quevedo, Tiziano, y Gracilazo. Son ahora independientes, iluminados por una cosmogonía espiritual, limpia como hiper átomos de la explosión de una galaxia llenita de sensaciones.

Si un poeta no lee no puede coquetear siquiera con el poema sino con lo reciclable, fenómeno vergonzoso de la nueva poética joven latinoamericana.
Un movimiento poético sale primero con el manifiesto y la lista de libros para su formación y distancia. El surrealismo, El discurso délfico, el Nadaismo, y otros.

* Enfoque de la charla.

Carlos Carabeto: MIS LECTURAS



Por: Carlos Carabeto
Carlos Carabeto. Nació en Medellín en 1952, ciudad donde ha residido casi toda su vida. Ha publicado cinco poemarios: Bija (Ediciones Otras Palabras, 1999), Saloma (Ediciones Otras Palabras, 2001), Alternancias (Los Lares Casa Editora, 2003), Contante y sonante (Los Lares Casa Editora, 2005) y Puerto Ulises y Otros Poemas (Cofradía de Coyotes, 2007). Colaboraciones suyas han salido en varias entregas de la revista Interregno (el número 16 recoge una muestra de su obra reciente) y en el suplemento Imaginario del periódico El Mundo. Ha hecho revisita de sus tres primeros títulos (que recoge en dos poemarios donde se agregan nuevos textos), inéditos también una novela (de próxima aparición), otro libro de poemas y una investigación sobre música popular.


El saber, de por sí, no es sino una presencia pasajera: un nuevo saber echa al antiguo y, al fin de cuentas, es sólo verter la nada en el vacío. El saber no es sino la memoria automatizada de una suma de palabras aprendidas en cierta secuencia.
[…] La comprensión es la esencia de lo que se obtiene a partir de informaciones intencionalmente adquiridas y de experiencias vividas por uno mismo.
P. Giovanni
I
No fue mi infancia una con influjos intelectuales o artísticos, tampoco tuve una atmósfera cercana que fuera —pudiéramos decir— propicia para que se estableciera en mí un temprano asombro o inicio ante la palabra escrita.
En casa (y en las de los familiares) no hubo una biblioteca para descubrir y explorar. Había, sí, algo para “mirar”, por lo general libros que resultaban por obra y gracia de algún regalo. En el “inventario casero” se destacaban uno sobre pintura en la Edad Media y otro sobre simbología cristiana, ambos con extrañas estampas. Y, por supuesto, una edición del Quijote —en cuatro tomos, con ilustraciones de G. Doré—. También un diccionario enciclopédico de veinticinco tomos para ayudar a las tareas escolares, profusamente ilustrado... Y pare de contar.
No recuerdo que de niño se me hubiese leído un cuento —incluso contado uno para irme a dormir o para entretenerme—. La televisión comenzaba su fuerte influjo como sustituta. Mis primeras “lecturas” —entre los siete y los doce años— estaban tremendamente condicionadas por las ilustraciones y la imagen en movimiento: desarrollé una gran memoria visual con la televisión, habilidad que se afianzó cuando comencé a ir a cine —funciones dobles, de cine continuo, los fines de semana—. Los cuentos clásicos, en ediciones bellamente ilustradas llegaron con la Primera Comunión, igual que las aventuras de piratas y espadachines y de descubrimiento de lejanos mundos —Alejandro Dumas-padre, Salgari, Verne— cuyos libros apenas hojeaba puesto que venían con muy pocas ilustraciones. Para entonces ya consumía mucha revista de historietas: las de vaqueros, Superman y demás superhéroes, Disney y similares, Tarzán, Vidas Ejemplares, etc., A los 13 ó 14 años, cuando de manera personal —sin influjos de nadie ni de nada— se me hizo insoportable el planteamiento de tales historietas, rompí de tajo con toda esa sarta aunque sin conceptualizar sus maniqueísmos de buenos vs malos, blancos vs indios, superiores vs inferiores, santos vs pecadores. Lejos aún de tener una posición política o de haber adquirido una consciencia social o de haber contextualizado el fenómeno de la llamada “penetración cultural”. Para entonces vivía “entretenido” e inmerso en mi parroquial mundo. En el colegio, el tiempo libre, a mañana y tarde, era para el fútbol. Las tareas imponían cierta lectura obligatoria y cada libro o autor se convertía en una suerte de “ladrillo” medio aprendido mas nunca digerido. El pensum contribuía con creces a que uno no viera más allá de las narices, a que no nos cuestionáramos nada: la historia oficial de conquistadores, héroes, próceres y mártires: amañada y lacrimosa como ahora. Un contacto tangencial con la poesía llegó (y pasó de largo) a través de Julio Flórez-negras, de Epifanio-novillo muerto y de Gregorio-del maíz, y algo menos —por su talante de bichos raros, según el profesor— de Barba y León. Se la declamaba y la leían en tono veintejuliero volviéndola harto soporífera. Mis primeros verdaderos asombros con la poesía llegaron con un recital de la declamadora argentina Berta Singerman (asistí a tres a lo largo de mi adolescencia) pero la poesía, como tal, tardaría mucho en tomar cuerpo en mí, en ser entrañada.
Arranqué a estudiar “carrera” que era el sueño de mis mayores. Mis inicios universitarios fueron un completo desubique, la universidad la terminé con dificultades: hice de las materias en sí un complemento no un fin, y lo que me fue alimentando
—más— de ese medio que se me hizo extraño fue que lo volví ambiente propicio para desaprender y entender de otras maneras un mundo con el que crecía y vivía. A los comienzos de la U tuve un profesor de Historia Económica, nada conductista, que me abrió los ojos y permitió que comenzara a leer reflexivamente y a tener nociones en contexto. Y, también en la U, conté con dos condiscípulos: uno que hacía teatro y le gustaba leer narrativa y otro que era melómano consumado, apasionado por Beethoven. Los tres coadyuvaron a una inyección despertadora. Lo que siguió ya fue por mi cuenta, iniciando una lenta pero progresiva inmersión en las palabras, y un acercarme a otras dimensiones de la imagen y de la música. Asuntos que no han dejado de nutrirme y que procuro retribuir. La universidad pues, fue indispensable por lo que me sucedía al margen de los estudios: los vínculos interpersonales adquirieron otro cariz y cada uno a su manera iban permitiéndome continuos y pequeños grandes descubrimientos.
Tan pronto terminé aquel desaprendizaje-aprendizaje busqué la manera de irme lejos, a conocer mundo. Viajé mucho. En el fondo era ir en búsqueda de algo que, con el tiempo, supe sólo podía encontrarlo dentro de mí. La geografía, los libros, cierta música y arte, y ciertas personas —poquísimas, pero amistades definitivas— y lo que he ido vivenciando, más el don de sentirme y seguir vivo me generan nuevos necesarios retos y compromisos. Y aunque siento que me quedo corto —no en tiempo, sí en intensidad y calidad— mantengo vivas las aspiraciones de proseguir. El entorno se merece siempre más de nuestra parte, hasta el final.

II

Hoy día vuelven y juegan dos viejos cuestionamientos: “que las nuevas generaciones no leen, y que estas están apresadas por el embrujo tecnológico”. Se nos olvida o no nos damos cuenta que siempre, antes y después del invento de Gutemberg, se ha leído poco, y que una tecnología no es dañina por si misma sino por la formas de relación y uso que establecemos. Por ello, más que cuestionar a los jóvenes y a la tecnología en si misma, cabría discernir sobre los postulados del Reino de la Cantidad, soterradamente excluyentes para todos: jóvenes y adultos. Reino que opera, por ejemplo, a través de su muy en boga aparataje global de “inclusiones” culturales, otra sutil estrategia para que no se piense ni se cuestione, para que nos ocupemos de asuntos no esenciales. Encantar y domesticar, dos premisas para el fomento de actos compulsivos, como por ejemplo el consumismo.
Leer. Verbo que, en algún pasaje de nuestras vidas, gran parte de las personas llegamos a creer se reduce al acto de enmarcarse y hacerse cargo—por precepto o por hábito— de significaciones y códigos establecidos. O, que ya leemos por el mero hecho de alcanzar y exhibir estupendas habilidades técnicas al momento de articular, modular o “perifonear” cualquier interpretación de la realidad.
Hace muchos años, mientras le compartía a un amigo mis impresiones sobre una película, y de paso le recomendaba que no se quedara sin ir a verla —ocupábamos una mesa situada al fondo de un reconocido sitio de tertulia, mesa desde la cual él podía visualizar todo el lugar y, también, observar el movimiento de la calle—, con una pequeña gran sonrisa me respondió para… remarcar con estas palabras: “Carlos, ahora mismo que estás —literalmente— de espaldas a lo que para mí es La Película a observar, convendría que a esta otra le prestáramos tanta atención como nos sea posible. Ojo, por real que parezca, ésta tampoco está exenta de ficción. Por ello mismo, a mi modo de sentir —puntualizó— se me hace que con sus retos puede aportarnos más”.
Traigo a colación este episodio que, para mí fue una verdadera lección, y el cual me llevó a cuestionar y reconsiderar las maneras de estar “leyendo” mi circunstancia. La lectura es percepción con todos los sentidos, no es sólo el acto de aplicar la visión del ojo o del oído o de la piel, y con el concurso de la mente, del sentimiento y del instinto “calcar” imágenes. La Vida, principiando por nuestro propio cuerpo —todo un contexto— es el Libro a leer. Lo que se puede observar al interior de Sí, además de nuestra mecanicidad en acción permanente, es que todo aquello que señalamos en los demás convive en uno. ¡Esto nos incomoda e inquieta sobremanera! Ni tan despiertos ni tan autónomos como nos creemos. ¿Lo nuestro? Casi siempre: brazos que abrazan sin sentir; manos y mejillas sin nervio; oídos que oyen sin escuchar; ojos que miran sin observar; narices que olfatean sin oler; bocas que mastican y tragan sin saborear.
Por ello, cuando se me planteó el tema para este evento: compartir impresiones sobre mis lecturas o escritores preferidos, tuve claro que no quería hablar de obras o autores en particular sino de actitudes y prácticas que desde su labor han sido iluminadoras para mí quehacer, bien por hallazgo personal o por interpuestas personas.
Hablar pues de autores determinantes o de libros específicos se me hace difícil. Los hay, y varios. Son muchos los aspectos y rasgos que marcan. Una imagen en un poema, una mirada, una pincelada, unas notas musicales, un gesto, alguna idea compendian y rescatan el innúmero trasegar de seres en su brega de expresarse y compartir.
Buda nos dice: “No se guíen por lo que le oigan decir a otros, ni por la Tradición, ni por meras afirmaciones, ni por las revelaciones de los libros sagrados, ni por abstractas deducciones lógicas, ni por métodos sólo deductivos, ni por razonamientos basados en apariencias, ni por opiniones o suposiciones establecidas; no se guíen por fenómenos aparentemente reales, ni por las palabras de un asceta o de un maestro. Pero si ustedes mismos llegan a comprender que esto que les digo es equivocado, que esto es irrecusable, repruébenlo entonces. Si, por el contrario, comprenden que esto es justo, que esto es cierto, que esto puesto en práctica, es fluidez y gozo para ustedes y para otros, entonces acéptenlo y vivan conforme a ello”.

III

Tu armazón
muestra como campea
nuestro atávico estar. Nada distinto eres
al país de nuestros cuerpos:

Componentes de anhelos, credo y consolación
conforman las amalgamas
con las que azogamos
el cristal del ojo,
condicionando las sensaciones
de lo que
en lo entraño (desde Sí) y
en lo extraño(desde lo otro)
se produce

Todo aquello, Globo,
que por más que miremos no percibimos.

Y espejear, fantasmar…
Y aojar, ojear…

En el extravío, despoblados de Sí (de ti)
pregonamos:
“Olvidos. Recuerdos.
Se venden. Se compran.
Se truecan”
. . .
¿Leerte sin leernos?

De este poema, titulado “Globo Pregón”, la pregunta se expande. El acto de leer como el de escribir son una mutua-doble vía: cada uno implica —ante todo— leerse a sí mismo, si no uno y otro son actos fallidos por más destreza técnica que despleguemos. Brego por mantener un estado de alerta, me he dado cuenta que cuando me siento cómodo es porque he bajado la guardia y se ha disipado mi atención, además ésta es señal inequívoca de que varias fórmulas efectistas me asaltan. Lo que obliga a replantear las maneras de afrontar la observación de Sí y el acto de leer para abrirme a sopesar otras interpretaciones de la realidad, ¿las que están a mi alcance? Lecturas que, día tras día, son el alimento y el combustible. Lecturas para situarse en la ecuménica correlación de los contrarios. Y, Lecturas, para desarrollar las potencias de un desnudarse, de un desapegarse, de un desaprender, de un desobedecer vital.

En otro poema, titulado “El Alimento” digo:

[…]
para esto de entrañar lo del Misterio todo
—y asumir serlo— no nos vale
aceptar respuesta alguna,
creer a pie juntillas,
especular o hacer conjeturas. Sólo…

¡Sea, sí!

Tratar de nombrar sin dejar de preguntarse.

Y así, en “El Crisol”, me pregunto:

¿Sólo
con éste instituido afuera de la palabra
expresar la sustancia de las cosas
y de nuestra Cosa?
. . .
En esta Cosa nuestra
de apéndices llena

en donde impera
validar
la domesticación del ojo

y ejercer
la de la palabra

¿creación o más creencias?
¿lengua o lenguajes mil?
Medellín de Aburrá, julio-agosto de 2009

Víctor Bustamante: Los laberintos de la lectura y los clásicos que van llegando


Por: Víctor Bustamante

Víctor Bustamante. Escritor colombiano (Barbosa, 1954). Economista de la Universidad de Medellín. Ha sido colaborador de El Imaginario del periódico El Mundo de Medellín, de La Nación de Buenos Aires, de las revistas Interregno, Susurros, Universidad de Antioquia, Universidad Nacional, Kinetoscopio, Vapores Deliciosos de Argentina, Palavreiros de Brasil, Portal de Poesía, El escribidor, Balvarera, Oxigen de España y Letralia de Venezuela. Director de la revista Babel, del periódico escolar El Pájaro Picón, de la revista de poesía Los Papeles de Babel y del pasquín satírico literario El Perro Rabioso. Autor de Luis Tejada: una crónica para el cronista (1994); Noticias de Pedro II, El Papa de Barbosa (1995); Amábamos tanto la Revolución (1999); Historia del estadio (2001)

Cada escritor posee sus clásicos, a pesar de los clásicos. Esta frase que parece una tautología nos lleva a una cuestión fundamental. En realidad qué son los clásicos. Para la literatura. Clásico es un libro fundamental para una si civilización, para el país, para una ciudad, para una lengua. Sus características podríamos definirlas a partir de un sentir, una mirada que da realce como una totalidad.

Los casos se repiten: para unos la Biblia es un texto imprescindible, para otros un texto literario. Para otra civilización su libro sagrado son los textos de Confucio, la Tora, el Bhagavad gita, el Coran. Lo cual nos lleva a pensar que cada sociedad posee su tesis sobre la creación del mundo, y su definición de civilidad. En este sentido los libros religiosos son clásicos que en muchos casos dominan el alma de un pueblo, pero que también le sirven de guía en los avatares de sus normas de conducta y muchas veces en el extremo deseo de una vida futura. Otros de estos libros huyen del dolor e instan el goce en la continua permanencia como el budismo.

En esta primera acepción estos libros aúnan un pueblo desde la patria espiritual.
También hay libros clásicos en cada país, uno de los mas importante son las constituciones, las cuales se consideran un texto enriquecido por todos, un texto sagrado en la medida que es necesario respetarlo y acatarlo, pero que envejece cada cierto tiempo y cada cierto tiempo es necesario darle retoques, porque existen eventos que lo hacen transformar. En unos la no creencia en un dios sino de un pueblo, en otros el deseo de reivindicar las diversas razas, las diversas costumbres políticas, los derechos de minorías, la igualdad sexual. Los cuales son expresión de un momento de catarsis de una sociedad, y a pesar de estar escrito busca redireccionar una mentalidad se hace difícil por al mentalidad imperante que perdura en un momento determinado.

También hay un texto clásico que su autor no fue un religioso, pro que definió el terror de los pecados y el avance a una vida posterior escrito por un civil, Dante, que es la Divina comedia, uno de los textos más hermosos uno de los esto mas fantasiosos y mas extraños que ha producido la mentalidad religioso como expresión de Italia.

Cada idioma posee también sus clásicos y si nos adentramos en la literatura en español está El Quijote que es la primera novela, como tal escrita y que como toda obra maestra ha creado la mas diversa cantidad de epígonos en todos los idiomas, uno de ellos Sterne con Tristam Shandy que no hubiera existido sin este texto. El Quijote en apariencia opaca a otros escritores de su momento. Un caso curioso, Mateo Alemán era la novela más leída en su momento y El Quijote la ha ido desplazando poco a poco hasta perdurar como el punto inalcanzable para cada novelista. Estos nos llevan a pensar como ningún escritor desea escribir una obra maestra, simplemente escribe y el avatar del tiempo y los gustos la hacen mantener a flote.

Para muchos es la obra maestra del español por encima de muchos escritores y novelas de la más diversa índole. Y se ha convertido en un clásico de los últimos quinientos años que supera los años y las barreras del idioma aunque la lengua española cambia de giros de significaciones aparecen palabras nuevas y el texto se ha reescrito, pro ahí perdura este texto.

En inglés existen los textos de Shakespeare, Creo que el más leído sea Hamlet el cual expresa el problema del poder escrito con la verbalización y el lenguaje filosófico de su autor. Es como si este texto y con el teatro y su puesta en escena de Inglaterra y el trono con diverso tipo de discusiones alrededor del poder. Al contrajo del quijote que expresa la aventura de una nación y la locura del caballero que no sale de su casa sino en la imaginación.

También cada país posee sus clásicos. Si miramos un país como Usa vemos que Poe, expresa un momento de la creación que es el crisol de lo fantástico que traspasa las edades y los modelos y modas impuesto, siempre Poe esta en primera fila a la espera de un lector.

Ya llegando a nuestro país no podemos olvidar el largo reinado de María como texto fundamental durante casi cien años hasta la irrupción de Cien años de solead. Entre estos dos textos hay toda una literatura, novelas y escritores ocultos por el poder de estos libros, lo mismo que movimientos literarios que parecen convertirse en la letra menuda de nuestra literatura.

Pero también cada región, como Antioquia, posee su clásico: Carrasquilla y sus poetas: Porfirio y León de Greiff. Pero al hablar e clásico es decir los libro mas mencionamos y de mas prestigio nos lleva a cuestionar el olvido de los otros libros, de aquellos que están ahí al margen y que aportaron algo contra el pensamiento dominante que es el que rige a los clásicos locales como textos fundamentales.

Si miramos en Colombia, el país donde se lee, medio libro por persona y con todas las millonarias cifras que se gastan en promoción de lectura. Sabemos que Maria y Cien años de soledad son los libros más leídos y más vendidos en nuestro país y el ultimo en el mundo hasta llegar a considerarse un clásico de la lengua española, para muchos similar al Quijote, lo cual da idea de que el español establece otras fronteras lejos de la patria española.

Volviendo a los clásicos en Colombia, nuestros clásicos. Qué ha pasado que se ha escrito entre estos dos libros fundamentales. Existe un texto impórtate Cuatro años a borde mi mismo poco leído y comentando, Las estrellas son negras de Arnoldo Palacio, Viento seco de Daniel Caicedo, Que viva la música, clásico para ciertos adolescentes, textos interesantes, raros que poseen su dejo, ser necesarios.

De esa manera el término, clásico, pierde vigencia, se diluye ante la irrupción de lo llamado moderno, pero estos clásicos resisten el embate de este tipo de libros.

Olvidaba decir que la política tiene sus clásicos cito uno, El principie de Maquiavelo donde se define el carácter de los dirigentes. El capital que fue un clásicos que la experiencia derroto, así como Las cuatro tesis filosóficas de Mao.
Ya vamos entendiendo los clásicos libros que expresan una totalidad, libros sagrados de todo punto de vista que pertenecen a una religión a un partido a una lengua.
Por ahora vamos a leer de nuestros clásicos. De aquellos libros que en la soledad de las bibliotecas o de su cuarto, son libros que el escritor poco a poco va encontrando y va eligiendo como sus clásicos. Aquí no interesa el término en que se define un clásico casi siempre el escritor busca sus clásicos, es decir aquel el escritor con lo cuales se encuentra y que le abrirán un camino. Textos fundamentales en su formación literaria. Para unos no son sus libros pero para este escritor son sus libros fundamentales, lo cual nos lleva al concepto de educación sentimental en la literatura, con el tipo de texto que van formando, sin guía, en el perfecto desorden de libros encontrados.

Aquí llegamos y término con los libros poco a poco encontrados, marginales, que poco se mencionan pero que son los que abren caminos. Es como si el escritor se convirtiera en un perro de presa que husmea en los estantes y al encostrar a sus pares en ese amplio mausoleo de una estantería de una biblioteca hallara su camino literario bordeado por los escritores que amará.

Me explico. Veo a Dostoievski el gran nihilista en las finales del siglo 19 que aun perdura. No fue Crimen y Castigo, ni Los hermanos Karamazov sus libros fundamentales sino El jugador que se ha convertido en mi versión de Dostoievski, el hombre ansioso que debe jugar así como la vehemencia de Dostoiewski al escribirlo. No en vano el ruso fue un jugador empedernido donde mesura toda la virulencia y amor por el juego. Este texto no aparece en ninguna lista de clásicos, simplemente una noche que fue tola hasta l amigada estuve en casino, de Europa en Paris. Haber jugado dinero por montones y perdieron dinero por montones. ¿Por qué amo este libro? Es cosa rara porque nunca he sido jugador. Y aunque no lo he vuelto a leer desde muchos años aun perdura este tipo de persona, el jugador, pegado a los casinos y la febrilidad de la surte por los números, y el azar como telón de fondo de esa vida.
Otro texto que poco se menciona es Hace tiempos de Carrasquilla donde se nota la aprehensión de la ciudad, de Medellín, por parte del autor.
Una simbiosis entre u tipo que viene a la ciudad y el hombre que la recorre por encima de Frutos de mi tierra o La Marquesa de Yolombó considerados como los libros fundamentales de Carrasquilla.
Hay en Cuatro años a bordo de mi mismo poco mencionado pero que es un libro que entrega una visión muy peculiar de Colombia en la primera mirada del siglo veinte.
Muchas veces de un texto que pasa desapercibido se crea una literatura, muchas veces esos texto pasan por los ojos de la cultura oficial establecida como algo sin peso pero para otros ojos acuciosos, ese texto abre un camino. Uno de los casos más conocido es el de Nietzsche que encuentra por casualidad donde un vendedor de libros sin vigencia o de segunda mano El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer y desde ahí se crea toda una literatura, un concepto de filosofía vivencial y nihilista como este texto del olvidado Schopenhauer.
Así uno establece caminos. Alguna vez por pura casualidad, en el Parque de Berrío, durante una Feria del Libro vi un libro de Salvarore Quasimodo, editado por Sur y no sabía que era un poeta pero de inmediato me causó curiosidad ese autor que nunca había escuchado mencionar, y que posee una sensibilidad a flor de labios lo mismo que al leer en una revista mexicano de literatura, un poema corto donde se habla de un caminante en una calle y de una mancha de aceite que lo refleja, era Pavese que para mi es fundamental en su posición como escritor. Así los casos se pueden enumerar, así uno va estableciendo sus clásicos los libros que poco a poco lo Irán formando literariamente.

Un caso típico era el de Borges que menciona los libros leídos, su antología personal son los textos casi olvidados desempolvadlos Por la curiosidad que se devuelve contra él. El antólogo no es el tiempo porque el tiempo y las personas los validan y repiten lo repetido muchas veces sin encontrar una interpretación nueva o aspectos diferentes. Así Borges nos muestra como el tiempo, para decirlo en sus palabras el tiempo es un antólogo de postin, pero esa más importante las lecturas privadas.

Uno inicia un camino desordenado que lo lleva por esa ruta personal de escritores, que abren brecha y caminos. Proust, el Marqués de Sade, Rosseau, Cabrera Infante, Darío Ruiz, Reinaldo Arenas, Walter Benjamín Gonzalo Arango, Bukowski, Miller y es que lo que uno está buscando es nada menos que un tipo de lectura. Uno se va definiendo a partir de ellos, no de los forzados clásicos dominantes sino de esos clásicos a los cuales uno llega de una manera providencial sin tener noticias de ellos y que uno que en ellos se encuentra. Y al leerlos es como mirarse al espejo de ellos que es el de uno. Lo que habían escrito antes por nosotros y de los cuales continuamos porque sus palabras fueron lo que nos enviaron a ese mar cenagoso que es la vida en el tiempo en que los encontramos para reiniciar ese dialogo entre autor y lector.

En los libros leídos están todas las edades. No hay libro más actual que El Satiricón, que une el espíritu romano después de tantos años con el espíritu actual. Este libro que no es un clásico oficial ha pasado, traspasado los siglos y helo ahí fresco, como si camináramos por una calle de Roma. La lozana andaluza de Francisco Delicado ha sido ocultada por La Celestina pero aquí existe otra versión de una mujer que va a Roma y las estratagemas que utiliza para vivir lo cual no hace lejano el espíritu de las prepagas de ahora.

Cada libro es un mundo y quien lo expresa es alguien que nos señala con el índice; yo estuve ahí y además nos incita a que debemos ser superiores a ellos,

De ahí nadie la idea de releerlos textos que son nuestros clásicos, aquellos textos que forman nuestra biblioteca, pero sin olvidar alguna voz contemporánea que nos obligue a pensar aquí estoy yo a pesar de la lejanía, a pesar de la globalización que es el momento en que menos libros interesantes llegan.

Mario Angel Quintero: CÉSAR VALLEJO

Por: Mario Angel Quintero Mario Angel Quintero nace en 1964 en San Francisco, California, donde vive sus primeros treinta años. Estudia literatura en la Universidad de California y es becado en creación literaria en la Universidad de Stanford. Publica poemas, prosas y ensayos en revistas literarias estadounidenses; también dos libros en inglés: Globo (1995) y The Fifth Season (1996). Desde 1995 reside en Medellín, Colombia, donde publica los libros Mapa de lo claro (1996), Muestra (1998), Tentenelaire (2006), El desvanecimiento del alma en camino al limbo (2009), y Como morir en un solar ajeno (2009). Es director y dramaturgo del grupo Párpado Teatro. Cuando hablo de César Vallejo, quiero que suene ¡ES!, como la medula de todo huESo. Los textos de Vallejo son huertos, no cESan, cada letra ES un árbol que crece y llena, prESiona el ESpacio de EStar conciente, de ser bueno, de EStar de nuevo en el pueblo, muEStra de lo que queda de nuEStra voz suelta, del hermano humano, del polvo del pueblo que da vueltas en el viento seco, revuelto ¡ES! ¡ES! ¡ES! ¡ES! ES FUE ES FUE FUE ES lo que siente. El hombre enfermo en el universo de su lecho. El niño solo en la casa. El hombre listo para vivir. ES – ES – ESte momento, para vivir las manos de su madre, o que se abra la fisura del ya y lo derrita con el alud del ES, todo lo cerca, de todo EStá cerca y lo prESiona y ES prESionado por él. Recuerdo la biblioteca donde casualmente leí a César Vallejo por primera vez. Me acuerdo de la biblioteca pero no estoy seguro de la ciudad en que se encuentra. Lo que si está claro en mi mente es la imagen de una biblioteca de poco alcance decorada en un estilo neo-burócrata, pasado de moda aún en esa época, hace más de veinte y cinco años, y que al abrir por curiosidad un volumen de apariencia igualmente sin imaginación me encontré con el poema de Vallejo titulado “Deshojación Sagrada”. Si comento sobre la apariencia de la biblioteca y del libro de una manera poco generosa no es por quitarles valor o menospreciarles, sino para contrastar el contexto donde encontré a Vallejo, con la fuerza y luz su poesía me ha dado desde ese primer momento. Recuerdo haberme detenido en estos versos: Luna! Alocado corazón celeste ¿por qué bogas así, dentro de la copa llena de vino azul, hacia el oeste, cual derrotada y dolorida popa? Tanto fue mi asombro con las imágenes, que me demoré para sentir la rima y el ritmo de los versos. Una luna que se transforma en un corazón que pasa por el cielo, el cielo como un vino que ese corazón boga, para ser al fin sólo un buque que se aleja en el oeste; estas eran imágenes aparentemente excesivas, pero que tenían una organicidad palpable desde sus transformaciones que oprimía y luego liberaba al lector. Cómo comunicar esa sensación de alguien presionando las palabras para que rindan su jugo, su sangre oscura y esencial. Las palabras tratando de escaparse de César Vallejo, donde él las atrapa, las ata a punta de violencia y ternura a su hogar, a su familia, a su pueblo, a su empatía que lo va secando, que lo deja tieso y frágil. Después de esa primera experiencia, me devoré todo el libro de Los heraldos negros, y pronto el resto de la obra poética de Vallejo, la cual ha sido para mi una de las puertas por abrir para descubrir las posibilidades del poema en español en nuestro contexto. Los quiebres del verso; la materialidad de la palabra, tan porosa y susceptible a mutaciones a través de sus vivencias dentro del discurso que emerge casi frágil en su receptividad; y la carga de dolor, o más bien compromiso, con lo humano, que se siente casi al nivel sintáctico verso a verso; todos estos elementos hacen de la poesía de Vallejo un momento liminal. De todos sus libros, es quizás Trilce el que va más lejos en perturbar de mí reflexiones humanas acerca de como de sintético es vivir. Los poemas de Trilce no esperan pasivamente ser leídos, sino que se leen a ellos mismos mientras tanto, se viven en un gesto vital que traspasa al lector. Para mi los ejes del mundo de Vallejo son cuatro. Primero, como fundamento y placenta, está el hogar. Las palabras madre, padre, y hermanos son más profundas que el misterio, y se arraigan en un saber que viene desde los huesos, del cartílago. Dentro de la caricia, la médula del radio irradia conexión. El hijo es la madre diluida, ya errante e incompleta. El padre es una promesa que quedó en el aire sobre los campos, en ese aire quieto de los pueblos. El hermano está siempre en los brazos, siempre aislado e inalcanzable, perdido en su dolor que lo cubre con más totalidad que su piel, con más llanto que las estrellas rotas que lloran luz. El segundo y terrible eje que encuentro en Vallejo es la guerra. La incertidumbre, el choque con el momento inevitable de violencia, y luego la devastación de la esperanza y lo humano, como una serie eterna de Pasiones. La guerra queda sobre la mesa frente a Vallejo como una copa de sangre. Los mismos objetos sufren de una violencia humana. Vallejo siente como la guerra, batalla por batalla, lo quiebra en pedazos. El tercer eje que quisiera resaltar en Vallejo es una conciencia del tiempo, y sobre todo, a través de su nostalgia y su arraigo en sus comienzos, el querer reventar el presente. El mismo verso se apura para vivir su presente: ¿Qué me da, que me azoto con la línea y creo que me sigue, al trote, el punto? En ningún otro poeta he sentido la muerte tan presente como en Vallejo. El tiempo que tenemos, que ya no tenemos, es algo que hay que cargar sobre el hombro como lo que queda del alimento. Sólo Vallejo pudo haber escrito un verso como: ¡Oh siempre, nunca dar con el jamás de tánto siempre! Esta exclamación nos lleva al cuarto eje fundamental que identifico en los poemas de Vallejo, una voz que se reboza de visiones. Los signos de exclamación aparecen a través de toda su obra. Desde el ¡Yo no sé! en el primer verso de Los heraldos negros (1918) hasta “¡Bajad el aliento, y si/ el antebrazo baja,/ si las férulas suenan, si es la noche, / si el cielo cabe en dos limbos terrestres,/ si hay ruido en el sonido de las puertas,/ si tardo,/ si no veis a nadie, si os asustan/ los lápices sin punta, si la madre/ España cae –digo, es un decir--/ salid, niños del mundo; id a buscarla!”, los últimos versos de su obra final, España, aparta de mí este cáliz (1938). Estas exclamaciones vienen de una urgencia mucho más allá de lo racional. Vallejo sufrió casi corporalmente su pertenencia al prójimo toda su vida. Sus visiones hechas versos son testimonio de la imposibilidad de lo que veía a su alrededor, y de lo tangible que le era las imposibilidades con que soñaba. Quisiera merecer la humanidad ardiente que César Vallejo significa para mí. Me lo imagino tratando de resistir el impulso de abrazar a la gente en la calle. La transparencia de sus poemas como instancias de empatía por la situación humana, me lleva más allá del estilo a un campo en que las palabras son herramientas de amor. Quisiera aprender a ser tan directo, tan tierra. Mi trayecto como escritor ha seguido el gesto de explorar la sensación de asombro que produce vivir. He intentado prender el pabilo dentro de mis lectores a través de una infusión, de sangre secreta que las palabras llevan por dentro, que sólo cierta atención y presión las puede hacer rendir. César Vallejo supo donde era la vena y también como romper la piel.

martes, 7 de julio de 2009

ACTA SESIÓN ORDINARIA DE JUNIO 1 DE 2009

CONSEJO MUNICIPAL DE LITERATURA
Acta Reunión Ordinaria Junio de 2009



Fecha de la reunión: Lunes 1 de junio de 2009
Lugar: Sede Corporación Ateneo Porfirio Barba Jacob
Hora de inicio: 6:40 pm
Asistentes:
Luz Estela Martínez, Omar Castillo, Luis Fernando Macías, Mario Angel Quintero, Luis Galar, Víctor Bustamante, Juan David López, Marta Quiñónez, Carlos Enrique Sierra, y Néstor López.

Ausentes:
Paula Dejanon con excusa.

Orden del Día:

1. Verificación del Quorum

2. Anotaciones al Acta y aprobación del Acta Anterior.

3. Informe de Presidencia
Se dará informe sobre Convocatoria Publicaciones, Envío Comunicación al Secretario, Solicitud de Cita y otros temas.

4. Aprobación Reglamento Interno

5. Citación a Víctor Gómez y John Harold Dávila para dirimir asuntos de la pasada Fiesta del Libro.

6. Recepción ´de propuestas del Consejo de Literatura a la Fiesta del Libro y decisión sobre cuáles se presentarán oficialmente.

7. Proposiciones y varios

Desarrollo de la reunión

1. Se Verificó el quorum, existiendo quorum decisorio y deliberatorio al asistir 10 de los 11 miembros habilitados. Se acepta excusa de Paula Dejanón. Se definió cambiar el orden del día para ubicar de último punto la citación de Víctor Gómez y John Harold Dávila. Se aprobó esto y como punto 5 quedó el tema Fiesta del Libro y 6 la citación.

2.Se aprobó el acta presentada.

3. El Presidente informó que en el tema de la Convocatoria de Publicaciones la Secretaría no ha tomado decisión pero que se espera que salga en el segundo semestre. También que se le envió la carta aprobada por el Consejo al Secretario de Cultura y se espera reunión con el Comité de la Fiesta del Libro para concertar la articulación del Consejo a ese evento.

4. Se aprobó el Reglamento y se le delegó al Secretario adaptarlo técnicamente al Consejo de Literatura. Carlos Enrique Sierra sugiere crear y hacer funcionales las comisiones del Consejo de Area para dar mayor eficiencia a la labor.
Omar Castillo recomienda la lectura del Plan de Desarrollo de la ciudad para que las propuestas del Consejo de Area se articulen a ese plan y con ello, sean más viables.
Se sugiere que Omar Castillo como Presidente sugiera en el Consejo Municipal de Cultura una Asamblea General de Consejeros de todas las áreas para generar mayor cohesión y trabajo de política cultural común.
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5. En el tema Fiesta del Libro, Víctor Bustamante propone invitar al escritor cubano Raúl Rivero que vive en el exilio en Madrid como posible invitado al evento de 50 años de la Revolución Solidaria que se hará en el marco de la Fiesta. Esta invitación se soporta en la necesidad que expresa Víctor Bustamante de mostrar otras opiniones sobre la realidad cubana luego de la revolución. El Consejo aprueba esa propuesta para hacerle al Comité de la Fiesta del Libro.
Luz Estela Martínez propone que se priorice en la Fiesta más el concepto de Carpa Cultural en vez de las grandes tarimas de eventos que no dialogan con el espiritu de la Fiesta.
También propuso que se hagan talleres para escritores y docentes con el ánimo de formar multiplicadores que sean promotores de lectura.
Insiste en la necesidad de darle mayor visibilidad como invitados especiales de la Fiesta a quienes participan en los diferentes talleres de escritores de la ciudad, concursos y festivales. También que se aprovechen estas personas para realizar lecturas en voz alta.
Recuerda que el centro de la Fiesta del Libro es el Libro y como tal, todos los eventos deben reforzar su promoción.
Mario Angel Quintero también recalca que el área de traducción debe vincularse en la reflexión sobre Poe y la traducción.
Todo el Consejo insiste en la necesidad de una reunión con el Secretario. Que se aclare cuánto vale la Fiesta. Qué inversión se hará evento por evento. Se aprueba esto.

6. Víctor Gómez presentó queja en el sentido de que se le adeudaban 133 mil pesos de su labor de la Fiesta del Libro 2008. En su consideración dijo que él había sido coordinador conjunto del evento y no simplemente asistente. John Harold Dávila dijo que lo que él consideró fue que Víctor Gómez era asistente y por eso fue que entregó el dinero que correspondía por esa tarea. Que ésto se había hecho de acuerdo con lo acordado previamente por el anterior coordinador, Néstor López, con el propio Víctor Gómez.
Todos los miembros del Consejo invitaron a arreglar amigablemente el impasse e incluso se ofrecieron a aportar para el pago de Víctor Gómez.
Néstor López admitió que el problema pudo haber sido de comunicación y admitió el erro de que no fue lo suficientemente claro con Víctor Gómez y John Harold Dávila en el tipo de relación económica que se tendría. En este sentido, Néstor López asumió como su responsabilidad el pago de los 133 mil pesos que reclamaba Víctor.
El Consejo avaló esta decisión.

Siendo las 9:30 pm se cerró la sesión.

Esta Acta fue aprobada en su totalidad en la sesión ordinaria del día 6 de julio de 2009.

Para constancia, firman


OMAR CASTILLO
Presidente Consejo Municipal de Literatura


NÉSTOR LÓPEZ A.
Secretario Consejo Municipal de Literatura

lunes, 8 de junio de 2009

ACTA SESIÓN ORDINARIA DE MAYO 4 DE 2009

CONSEJO MUNICIPAL DE LITERATURA
Acta Reunión Ordinaria Mayo de 2009



Fecha de la reunión: Lunes 4 de Mayo de 2009
Lugar: Sede Corporación Ateneo Porfirio Barba Jacob
Hora de inicio: 6:30 pm
Asistentes:
Omar Castillo, Mario Angel Quintero, Luis Galar, Víctor Bustamante, Juan David López, Marta Quiñónez, Carlos Enrique Sierra, y Néstor López.
Ausentes:
Luis Fernando Macías sin excusa.
Luz Estela Martínez y Paula Dejanon se excusaron.


Orden del Día:
Verificación del Quorum
Lectura y aprobación del Acta Anterior.
Informe de Presidencia
Fiesta del Libro
Días del Libro
Blog del Consejo
Proposiciones y varios

Desarrollo de la reunión

1. Una vez verificado el Quórum, se dio inicio a la sesión haciendo la claridad de que Luis Fernando Macías había confirmado la asistencia pero no asistió; que Paula Dejanon insiste en que los lunes no puede asistir y Luz Estela Martínez se excusó al igual que su Suplente.

Se aceptaron las excusas presentadas por Luz Estela y su Suplente.
Durante la reunión se recibió llamada de excusa de Luis Fernando Macías, se dijo que no era lo correcto confirmar asistencia y luego no venir, que esto impedía que los suplentes pudieran ejercer su labor. Para ello se insiste en que se debe confirmar la asistencia siquiera 2 días antes y si se tiene duda de asistir mejor delegar en el suplente. Esto fue aprobado por unanimidad para ser implementado desde la próxima reunión. Así, desde el sábado anterior se debe tener claro quién estará en la sesión del lunes y quién no para convocar a su suplente.
En el caso de Paula Dejanon, el Presidente insistió en estudiar su caso e incluso mover las reuniones para que pueda asistir. Se quedó de hablar con ella y definir en la próxima reunión e insistirle en que su delegado venga a la del lunes 1 de junio.

2.Se hicieron algunos comentarios al acta y se aprobó.

3. El Presidente informó que se enviaron las propuestas de ajustes del pliego de apoyo a publicaciones. Que la Secretaría está estudiando el tema, que según comentario del propio Guillermo Cardona, la Secretaría reconoce que el monto es muy bajo y que están viendo cómo mejorar la convocatoria. El Presidente advierte que si bien no ha salido la convocatoria, no es porque esté en el olvido sino en estudio por parte de la Secretaría.

4. El Presidente informó que estuvo en la reunión de Fiesta del Libro. Allí, un comité de la Alcaldía hizo la presentación de lo que sería la Fiesta y solicitó al Presidente presentar las propuestas del Consejo de Literatura máximo a fines de mayo; además estableció como tope de aporte “lo mismo del año pasado”, es decir 18 millones de pesos.
El Presidente comentó que hizo una crítica fuerte a la forma en que este año se había desarrollado el proceso de planeación y sugirió tener en cuenta algunos temas y autores. También informó que solicitó la presentación hecha en esa reunión para ser socializada con el Consejo de Area sin que hasta la fecha le hubiera sido enviada.
Todos los miembros asistentes repudiaron el trato que se le da al Consejo, se advierte que el Consejo no es un “actor más” sino que debe ser protagonista principal de la reflexión y diseño total de la Fiesta del Libro.
Carlos Sierra dijo que había asistido a la reunión de presentación de la Fiesta del Libro y vehementemente dijo que éste 3er proceso había sido un retroceso de los anteriores. Que se estaba tratando al Consejo Municipal de Literatura como una entidad más sin darle el protagonismo que merecía. Que esta reunión había sido informativa, no incluyente y que el Consejo Municipal de Literatura debía analizar muy bien cuál debería ser el papel a asumir en los eventos literarios de ciudad. No descartó una posición de alejamiento crítico y veedor.
Se habló de que la Fiesta del Libro debe defenderse como espacio de inclusión, que no se lo tomen visiones únicas, hegemónicas o, lo que es peor, camarillas. Que el Consejo debe ser veedor de esto.
En cuanto al Presupuesto, el Consejo en pleno dejó claro que, el año pasado, la Fiesta aportó a las propuestas del Consejo “lo que quedaba” y que ahora no era aceptable que ocurriera lo mismo. También afirmó que no era aceptable que al Consejo de Literatura se le dejara en el plano de lo local.
De igual manera, se dejó muy claro que el Consejo debe participar activamente en la Fiesta, no marginarse aunque se sientan intenciones de algunos organizadores de provocar el alejamiento del Consejo con sus actitudes y acciones.
Coherente con lo anterior algunos consejeros plantearon la necesidad de hacer propuestas novedosas, que se invitara a escritores no a hablar de sí mismos sino de sus lecturas, que se le solicitara a todos la ponencia por escrito para que se garantice la calidad de las presentaciones y tener en cuenta a sectores y líneas temáticas como traductores y libro técnico por ejemplo. Alguien incluso sugirió vincular el tema de Cortázar con los traductores.
También se dijo que era fundamental en la Fiesta del Libro equilibrar la exhibición con la programación. Que debemos preguntarnos y hacer algo concreto para fomentar el consumo del libro en la Fiesta.
Finalmente, se decidió insistir en que se envíe la presentación hecha por parte del Comité de Trabajo existente y que una vez ésta llegue se socialice con el Consejo y se elabore un documento sobre el tema. El Presidente quedó delegado para hacer la gestión de ese documento y definir la reunión. También que se le enviara el documento realizado al Secretario de Cultura solicitándole una reunión urgente con el Consejo en Pleno para hablar sobre el tema de la Fiesta del Libro..
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5. En general, el Consejo de Area considera que fue una experiencia valiosa para ser tenida en cuenta en procesos siguientes. Se reconocen hallazgos y dificultades. Se afirmó que la evaluación de Días del Libro se debe hacer en el escenario de su Comité, no en el Consejo, pero los asistentes hicieron comentarios que a continuación se anotan:
Carlos Sierra dijo que las expectativas fueron diferentes a lo que luego se pudo ejecutar.
Víctor Bustamante hizo una crítica a Carlos Sierra por el manejo de comunicaciones y Carlos Sierra dijo que se trabajó con una base de datos desactualizada hace 5 años pero que, igual, se establecieron contactos con medios locales y nacionales. Que, según su criterio, los resultados fueron positivos. Reconoció que faltó más compromiso de los medios.
Luis Galar dijo que el espacio (Plaza de Cisneros) generó graves problemas por la seguridad, por la ausencia de público y de parqueaderos.
Se valoraron los stands como algo positivo y se advirtió de que no hay datos suficientes para saber si las ventas fueron positivas o negativas. Se insistió en que la actitud de los libreros es clave en sus resultados de ventas. Se habló de la necesidad de capacitarlos.
Se dejó planteado que Días del Libro tuvo dificultades de coordinación.
Víctor Bustamante dijo que el Blog que había hecho ad honorem queda como memoria del proceso.

6. Se delegó en Víctor Bustamante la administración del Blog del Consejo.

7. El Presidente propuso hacer eventos mensuales literarios del Consejo con el Ateneo. Se aceptó. El primer evento será el día 13 de mayo, lanzamiento del Libro de César Alzate y en Junio se hará uno con Luis Iván Bedoya.

Siendo las 8:31 pm se cierra la sesión.

Para constancia, firman

OMAR CASTILLO

Presidente Consejo Municipal de Literatura

Medellín

NÉSTOR LÓPEZ A.

Secretario Consejo Municipal de Literatura

Medellín

Acta aprobada en la sesión del 1 de junio de 2009.